SOBRE MOCIONES DE CENSURA Y PRIMARIAS.


En estas fechas de 2019 se están elaborando las listas electorales en los distintos partidos. Algunos partidos se rigen por “Primarias” y otros “digitalmente” como es el caso del Partido Popular en algunas circunscripciones. Mientras tanto, me pregunto ¿cómo llegar a un punto intermedio.? ¿Cómo evitar los desastres de la “digitalización” o/y los de las inverosímiles primarias?
Acabo de ver, en mi persona, la tremenda injusticia que supone el no respetar la voluntad de una organización local o regional. Con todo ello esa designación digital (a dedo) desde Madrid no solo va a llevar al desastre a toda la organización política sino que resulta totalmente injusta pues solo favorece el ego de los designadores y la satisfacción de los designados. De nadie más.
Pero es que los designadores han llegado a su puesto mediante unas primarias más o menos adecuadas, mejores o peores, pero, al fin y al cabo, primarias.
Es por todo ello que me gustaría recordar, por paralelismo, un caso famoso que nos dice como entender lo que podemos haber perdido en este proceso.

En 1940, Churchill es nombrado Primer Ministro para sustituir a un gobierno agotado, humillado, derrotado y que “ha dejado al país en una crisis de características casi apocalípticas” (tal y como llegó a decir Attlee, el líder laborista de aquellos años). Chamberlein había pasado de ser el líder aclamado y bendecido por las masas a ser el mayor lastre de Gran Bretaña, solo apoyado por un mínimo número de fieles y por Lord Hallifax, el ministro de exteriores (Foreign Office) y principal obstáculo de Churchill para el puesto.

Pero, hasta llegar ahí, Churchill había tenido que hacer su particular travesía del desierto. En los años veinte había sido ministro de guerra, Lord del Almirantazgo, secretario de Comercio y Ministro de Hacienda, entre otros cargos. Era un valor seguro entre los liberal-conservadores de la época; valor que se vino abajo en 1930. Desde ese año la luz de Churchill dejó de brillar y solo se encendió, con fuerza, en mayo de 1940. Poco se imaginaba que esa luz, años más tarde, llegaría a denominarse “Faro del Mundo”.

La política de entonces, como la de ahora, con un entusiasmo en declive , no podía funcionar sin militantes de los partidos. No dar a estos un poder excesivo ha sido uno de los problemas perennes de los Gobiernos democráticos. Ya Arthur Balfour (Primer Ministro desde 1902 a 1905) había pronunciado en 1909 el gran aforismo “Siento el mayor respeto por el congreso del Partido Conservador, pero en cuestiones de alta política, no le consultarías más que a mi ayuda de cámara”. Quizá no fuera un accidente que al cabo de tres años de realizar este comentario, Balfour fuera uno de los varios líderes conservadores que se viera obligado a dejar el cargo.
Aunque no consta que Churchill fuera tan provocativo como Balfour al respecto, si creía firmemente que la política debía ser determinada por los líderes y no por los activistas locales o regionales, es decir, no creía en las primarias para designar candidatos.

En el otoño de 1938 Churchill acababa de negar su apoyo a Chamberlain, que traía su famosa carta del Pacto de Berlín. Al cabo de un año ocuparía un nuevo cargo, a los dieciocho meses sería Primer Ministro, para acabar siendo elegido, sin oposición, líder del Partido Conservador y desde ese puesto iba a dominar la política británica durante catorce años y medio. Más de treinta años después , sería denominado por Margaret Thatcher ,como el único tory auténtico entre sus predecesores posteriormente a 1945.

Pero en 1938 Churchill iba a perder el escaño y su futuro al perder las primarias en su circunscripción electoral en Epping. Churchill escribió entonces: “Tengo problemas en mi distrito electoral y he comunicado que si no se me otorga una renovada expresión de esta confianza, apelaré a los electores. En ese caso se producirían unas elecciones parciales que por el carácter del distrito electoral, ayudarían en gran medida a los cambios que Ud. tiene en mente”. Con ello se refiere, en esta segunda frase, a que tendría que pasarse a los liberales y dejar a los toris. Es decir, la futura “Luz del Mundo”, nunca se habría podido encender.

El futuro del mundo occidental y de las democracias liberales, estuvo en manos de unos 144 votantes de la Asociación Conservadora de Epping .Al final ganó 100 a 44, pero  nos trae al pensamiento, lo que las primarias han podido hacernos perder en Asturias o España.

Otro aspecto de esa época, que me recuerda a los acontecimientos presentes, es que, durante su periodo de Primer Ministro, Churchill vivió constantemente amenazado por sus oponentes políticos. Tras su éxito inicial de 1940, Churchill sufrió varios ataques parlamentarios muy serios, por ejemplo, sobre el informe de la Seguridad Social de Beveridge en febrero de 1943, cuando 119 votaron en contra del gobierno; sobre la paga igualitaria para las maestras en marzo de 1944 o cuando la supuesta traición de Yalta de los polacos no comunistas en febrero de 1945. Pero en ninguna de ellas se desafió tan directamente a Churchill como en el debate de censura de julio de 1942. Lo que se discutía era su competencia para dirigir el esfuerzo de guerra británico a su manera y, aunque el resultado de la votación fue satisfactorio, en el transcurso del debate se pronunciaron palabras sobre él casi tan hirientes como las que habían hecho caer a Chamberlain en mayo de 1940.

Mientras se debatía esta censura, las relaciones con EEUU, recién entrado en la guerra, no estaban en su mejor momento; la caída de Tobruk ponía en peligro a todo el frente de guerra en occidente (si caía Egipto) e incluso mundial si caía la India (acababan de perder Singapur). El peso soportado por Churchill en ese momento no tiene, en mi opinión, parangón. Todos sabemos el final. Tras el fracaso de esta censura en 1942, finalmente, Churchill cayó tras la derrota de Alemania y Japón. Era el salvador de la democracia liberal -por delante de EEUU, que había entrado más tarde a defenderla-pero el faro del mundo se iba a casa.
Todo esto me recuerda vivamente a los acontecimientos presentes. Pero también me trae un hecho a la cabeza: Churchill volvió a ser Primer Ministro en 1951.

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