Joaquín Uría, una fuerza de la naturaleza.
El pasado 12 de febrero de 2018 falleció Joaquín Uría, jugador del Sporting de Gijón de Rugby y de la selección española de Rugby. Escribí esto entonces y lo saco ahora que el Rugby ha cambiado tanto y en nada se parece ya al de entonces. Yo comencé a jugar en el Sporting en el año 88 (yo venía de la Asociación Atlética Avilesina, convertida hoy o predecesora del Belenos Rugby Club de Avilés) justo cuando "La Paca" se fué a reforzar al Oviedo para que logrará el ascenso deseado (cosa que conseguiría). Mi recuerdo para esta gran figura del Rugby.
Ya a finales de los
ochenta Joaquín Uría, “La Paca”, era una leyenda del Rugby asturiano. Para los
“jóvenes” emergentes del momento era un personaje del cual oíamos hablar y al
cual se referían historias que rozaban el mito. Cualquiera que lo viese salir a
un campo, sin conocerlo, no podía dar crédito a lo que se oía decir de él. No
era muy alto, tampoco aparentaba una fuerza excesiva, no era de aspecto
atlético y tenía cara de buena persona. No parecía tan terrible como te
contaban. El problema era cuando entrabas en “contacto” físico con él, que
solía ocurrir en la melé cerrada (formación en el que los dos “paquetes” de
delanteros se enfrentan directamente de forma organizada y dirigida por el árbitro)
entonces comenzaban los problemas.
Yo jugaba de segunda
línea en el Sporting de Gijón y la única ocasión en que coincidía con él era
con las convocatorias de entrenamiento (pre-selección) de la Selección Asturiana
de Rugby. Entonces lo que solía hacerse era que la presunta selección titular
entrenase con los que acudíamos como pre-seleccionados aspirantes a la
selección definitiva. En la primera ocasión en la que acudí tuve que jugar como
“pilier cerrado” o número tres (a diferencia con el pilier abierto, o número
uno que se sitúa a la izquierda de la primera línea, el pilier cerrado se sitúa
a la derecha), con lo que debes enfrentarte contra el pilier abierto contrario
y el talonador, en el centro. En ese momento, ese pilier contrario era La Paca.
Los enfrentamientos de entonces no eran como los de ahora, muy organizados y
reglamentados, se trataban de enfrentamientos directos y muy bruscos, eran
choques de trenes en aceleración y yo, de verdad, pensé que más que un tren
aquello era el Titanic. La sensación fue que mi cabeza golpeaba algo metálico y
de una fuerza descomunal. Aguante como pude (muy dignamente, pues yo era mucho
más grande, aunque no más fuerte) y salí de aquella melé en cuanto pude (en
cuanto el balón salió de la melé). Supe que me enfrentaba a un reto enorme si
quería ser seleccionado y me propuse superarlo al coste que fuera necesario. Mi
oportunidad apareció en la siguiente jugada, tras una melé abierta (formación
de delantera no organizada y que transcurre sin que se detenga el juego). La
Paca salió con el balón en las manos y dispuesta a percutir hacia la línea de
ensayo. Yo era el único obstáculo para impedirlo. Con mi determinación intacta
me dispuse a pararlo mediante un placaje bajo (y ortodoxo) del cual yo presumía
como mi especialidad. La verdad es que no sé qué pasó a continuación, mis
recuerdos no llegan a tanto. Recuerdo una sensación de estar en una ola, dando
vueltas. Recuerdo el no saber dónde está la superficie y querer salir a
respirar. La misma sensación que al tirarte una ola al hacer surf, una ola
grande, y no poder salir a la superficie pues no sabes dónde está la
superficie, el aire.
Por supuesto el
entrenamiento acabó para mí y la selección no pudo ser, salí de allí con un esguince
severo y muy doloroso del ligamento del hombro y un saludo del
entrenador-seleccionador que me decía “Muy buen placaje, tiraste a La Paca”,
lástima que yo solo lo supiera de referencia. Por supuesto La Paca jugó el
siguiente partido como si nada y dudo mucho que recordara esa jugada.
En recuerdo a Joaquín
Uría, fallecido el 12 de febrero de 2018
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