La verdad y el Relativismo cultural (I)

Cuando tenía 6 años subí a un avión por primera vez. Era de hélices y de tamaño ridículo en comparación con los actuales, hacía un ruido infernal y ... eso es todo lo que recuerdo. Como todo a esa edad la memoria es fragmentada. No recuerdo nada que se parezca a una historia lineal sino que recuerdo fragmentos, imágenes, situaciones, como si fueran escenas muy cortas y sin historia que las conecte. Veo la foto de curso en tercero de primaria y recuerdo el momento en que la tomaron. Me veo dibujando en un cuaderno. Me veo moldeando un caracol (¿?) en plastilina. Me veo en el avión, tumbado en el suelo, jugando. Veo una azafata que se inclina hacía mí para interesarse por el juego y recuerdo que me parece muy guapa, desde entonces tengo simpatía por las azafatas, todas me parecen guapísimas y simpatiquísimas si van de unirforme de azafata.

Y no recuerdo más de ese viaje. Ni siquiera mirando las fotos que hizo mi madre, con la que viajaba para encontrarnos con mi padre. Ahora las miro y veo su cara de miedo a volar. No me dí cuenta en aquel momento (¡bien por mi madre!) y yo no pasé miedo. Ahora me dicen que paramos en Tenerife antes de llegar a nuestro destino, la República Dominicana.
A los 11 años viajé a la República Sudafricana y luego (ya solo y adulto) a EE.UU, Irlanda, Francia, Grecia, Egipto. Fuimos una familia viajera y aprendimos a vivir en cada lugar. Porque resulta que cuando llegabamos a uno de estos paises mi madre siempre me reconvenía en mi forma de comportarme: "aquí no se puede hacer eso", "aquí es normal hacer eso", etc.
En Santo Domingo recuerdo que vivíamos en la Calle del Conde y había un gran movimiento comercial. Por ejemplo los fruteros iban a voces y anunciaban la fruta, tu esperabas por el de tu confianza y cuando lo veías le dabas el aviso (vivíamos en un edificio de dos plantas), este recogía la fruta y la subía a tu casa. En cierta ocasión yo salí al rellano a ver la fruta con mi madre. Una mujer enorme y negra estaba inclinando con unos mangos (me encantaban los mangos) y escogiendo los que consideraba mejores... pero yo no veía los mangos, mi vista quedó clavada en los enormes pechos que se le salían por el escote. Tanto me fijé que ella se dió cuenta y, comenzó a reir y a festejar el hecho con gran alegría. Recuerdo su expresión de felicidad y que me dijo: "¿Qué mangos te gustan mas mi amor?", dado que yo tenía seis años entendí el mensaje literalmente, sin su contenido erótico y respondí: "los de comer". Hubo una gran risotada general y la escena quedó grabada en mí, pero no por el aspecto erótico sino por el hecho de que me habían "pillado" en una mala acción y nadie me castigó, todo lo contrario, todo el mundo lo celebró con alegría y simpatía. Aprendí que ciertas convenciones sociales no tenían tanto valor en algunos lugares si lo hacías con franqueza y sin malicia. Si hubiese hecho eso en España me habrían castigado severamente.
Todo esto no es mas que una excusa para contar una anécdota infantil y graciosa pero me sirve para introducir un término de debate que está candente en el mundo académico y, aunque desviado, en el general. El del relativismo cultural o multiculturalismo.

Hace años, el Papa Benedicto XVI (BXVI) viajó a Africa y en las preguntas que se le hacen en el avión previas al aterrizaje se mencionó el asunto de la educación sexual y el SIDA. Os dejo una transcripción.


"Pregunta: Santidad, entre los muchos males que afligen a África, está en particular el de la difusión del Sida. La postura de la Iglesia católica sobre el modo de luchar contra él es considerada a menudo no realista ni eficaz. ¿Usted afrontará este tema, durante el viaje?
Benedicto XVI: Yo diría lo contrario: pienso que la realidad más eficiente, más presente en el frente de la lucha contra el Sida es precisamente la Iglesia Católica, con sus movimientos, con sus diversas realidades. Pienso en la comunidad de San Egidio que hace tanto, visible e invisiblemente, en la lucha contra el Sida, en los Camilos, en todas las monjas que están a disposición de los enfermos... Diría que no se puede superar el problema del Sida sólo con eslóganes publicitarios. Si no está el alma, si no se ayuda a los africanos, no se puede solucionar este flagelo sólo distribuyendo profilácticos: al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema. La solución puede encontrarse sólo en un doble empeño: el primero, una humanización de la sexualidad, es decir, una renovación espiritual y humano que traiga consigo una nueva forma de comportarse uno con el otro, y segundo, una verdadera amistad también y sobre todo hacia las personas que sufren, la disponibilidad incluso con sacrificios, con renuncias personales, a estar con los que sufren. Y estos son factores que ayudan y que traen progresos visibles. Por tanto, diría, esta doble fuerza nuestra de renovar al hombre interiormente, de dar fuerza espiritual y humana para un comportamiento justo hacia el propio cuerpo y hacia el prójimo, y esta capacidad de sufrir con los que sufren, de permanecer en los momentos de prueba. Me parece que ésta es la respuesta correcta, y que la Iglesia hace esto y ofrece así una contribución grandísima e importante. Agradecemos a todos los que lo hacen."

Esta respuesta es la misma (con los matices pertinentes) que se da en el libro próximo a publicar y que, por mala transcripción o traducción, ha levantado polémica reciente con el asunto de los condones.
Pero no quisiera entrar en el tema SIDA/condones.
La Iglesia hace una labor en Africa que se basa en entrar en el alma de las personas, en humanizar a lo que para muchos no son mas que negros y esclavos "...Si no está el alma, si no se ayuda a los africanos, no se puede solucionar este flagelo...", Es decir, cambiar su forma de ver las cosas para luego, desde el amor, compartir con ellos nuestro tesoro. A partir de ahí podrán ver lo que de verdad les salvará, física o espiritualmente, y si no lo segundo, seguro lo primero.

Pero algunos no lo ven así. ¿Que derecho tenemos a meternos en esas vidas que podemos destruir al cambiar su estructura social, cultural, sus costumbres y su vida en general?. Bien, todos sabemos lo que dicen. En el mundo académico (antropología) además se introduce un nuevo factor: no podemos estudiar y aprender de esta gente si nos entrometemos en su vida. No podemos cambiar nada pues lo falsificariamos y podríamos llegar a conclusiones falsas basadas en realidades solo vistas por nosotros en nuestro intento de ver lo que no hay.

Efectivamente las cosas no están tan claras... para algunos.
Lo que no saben o no controlan o no miran los que dicen esto (los relativistas) es que los cristianos creemos conocer la verdad. No solo creemos conocer la verdad sino que la mostramos al mundo. Con respeto y sin ocultamiento. Ese es el punto primero, que no el mas importante. El punto mas importante es que creemos que esa verdad es El Amor y por lo tanto lo que llevamos no es la verdad académica sino la Verdad esencial, Dios, osea Amor (Deus Charitas Est). Que con ese arma o verdad llegaremos al final de todo, y nada, repito nada, puede salir mal. Y los hechos están ahí. Como muestra, un boton:


Edward Green, experto en sida, que apoyó las declaraciones de Benedicto XVI sobre la prevención del contagio al inicio de su viaje pastoral a África, ha vuelto sobre el tema en el Meeting de Rímini.
Il Sussidiario.net/Aceprensa - 26-09-09

Edward Green
A Edward Green, director del “Proyecto de Investigación sobre la Prevención del sida” de la Universidad de Harvard, no le importó coincidir haces unos meses con Benedicto XVI en que la solución a la epidemia no es más preservativos, sino cambios en la conducta sexual. Pese al revuelo que provocaron sus palabras, ha vuelto a repetirlas en una entrevista para Il Sussidiario.net realizada con ocasión del Meeting de Rímini.
Green lleva más de veinte años investigando estrategias para combatir el sida. Uno de los datos más positivos es que, desde hace unos once años, las tasas de nuevos infectados por VIH han descendido en todo el mundo. Pero todavía hay algunos países en los que el sida sigue aumentado; entre ellos, Estados Unidos.
Por eso a Green le sorprende que sea precisamente su país el que vaya a darle lecciones a África. “Deberíamos ir a Uganda y aprender. También hay otros países africanos en donde el sida está descendiendo, por ejemplo, Zambia, Kenia, Zimbabue, Etiopía o Malaui. En todo ellos, se registra una reducción del número de parejas sexuales”.
El pasado marzo, Green se situó en el punto de mira de la opinión pública cuando afirmó que coincidía en lo sustancial con la visión de Benedicto XVI sobre el modo de combatir el sida en África. En su viaje a Camerún y Angola, el Papa dijo que el problema “no puede resolverse simplemente con la distribución de preservativos; al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema”. La solución, añadió el Papa, exige “una humanización de la sexualidad”.

El Papa tenía razón
Las declaraciones del Papa desencadenaron una oleada de críticas; muchos consideraron entonces que sus opiniones eran contrarias a la evidencia científica. Por eso sentó tan mal en algunos sectores que, unos días más tarde, un experto de la talla de Green se mostrara de acuerdo con el comentario que hizo Benedicto XVI (cfr. Aceprensa, 2-04-2009).
En el Meeting de Rímini, Green aclaró que es posible que no coincida en todo lo que dice el Papa sobre el uso de los preservativos. Por ejemplo, él defiende que los preservativos han funcionado en algunos lugares como Tailandia y Camboya. Sin embargo, no duda en afirmar otra vez que en lo esencial da la razón a Benedicto XVI.
“Sabía que la parte más controvertida de sus declaraciones iba a ser la afirmación de que los preservativos podían aumentar el problema. Pero el hecho es que, desde hace muchos años, venimos observando que hay una relación entre el aumento del uso de condones y el aumento de la tasa de prevalencia del VIH”.
“Y cuando estudiamos quiénes son los que se infectan comprobamos que tienden a ser los que usan condones”. Es posible, dice Green, que el uso de preservativos genere un comportamiento desinhibido, es decir, lo que se llama “compensación de riesgo”: “Cuando se usa algún instrumento para reducir un riesgo, como el preservativo, a menudo se pierden los beneficios asumiendo un riesgo mayor que si uno no lo usara”.
La conclusión de Green es clara: sólo un comportamiento sexual responsable puede frenar la pandemia. “Los condones no pueden ser la solución. Más bien, la respuesta a este problema se encuentra en actitudes como el respeto a tu mujer o a tu marido. El mensaje a los adolescentes debería ser: ‘preservaos, retrasad el inicio de las relaciones sexuales’”.
Justo lo contrario de lo que promueven algunos programas de prevención del sida: “En estos momentos, Suazilandia es el país que tiene la tasa de infección más alta del mundo. He vivido allí cuatro años, así que conozco bien el país. Pues bien, la actual estrategia consiste en decir que el sexo es divertido; de hecho, el lema de su última campaña fue: ‘Condones: donde está la diversión’”.
Aparcar la ideología
Durante muchos años, Uganda ha sido un ejemplo palpable de cómo se puede frenar el sida gracias a cambios de conducta. Aunque los partidarios de repartir condones nunca han llegado a creérselo, la realidad es que su célebre estrategia ABC (abstinencia, fidelidad y uso del condón si falla lo anterior) logró reducir la tasa de infección por VIH desde un máximo del 15% a principios de los noventa a en torno a un 4% en 2003.
Sin embargo, esta tendencia parece estar cambiando en la actualidad. Y Green culpa de ello a la obsesión que tiene Occidente por difundir el uso del preservativo entre los ugandeses. Además, a su juicio, la experiencia de Uganda demuestra que los avances en la lucha contra el sida no dependen principalmente del dinero.
“El programa más efectivo que ha visto el mundo hasta la fecha se puso en práctica en Uganda a finales de los ochenta. En esa época, el programa costaba cada año 23 centavos por persona. Hoy Uganda está siendo inundada de dinero; aunque todavía no llega a los niveles de otros países, los donantes están gastando como mínimo hasta ocho veces más que antes y, curiosamente, la tasa de infección ha vuelto a subir”.
“La mayor historia de éxito del mundo [en la batalla contra el sida] se ha visto truncada por la presión que ejercen las donaciones extranjeras, incluidas las de mi país, para que Uganda haga lo mismo que hacen los demás países: promoción de los preservativos, hacerse la prueba del VIH y tratar las enfermedades de transmisión sexual, dejando a un lado los mensajes como la fidelidad a la propia pareja. El coste de los programas ha aumentado, pero la eficacia ha disminuido. Y la explicación que se da es que siguen faltando condones”.
A continuación, Green explica las incomprensiones que ha sufrido por sostener semejante postura: “En Estados Unidos estamos tan polarizados, que la gente piensa que si defiendes la estrategia ABC eres un incondicional de Bush”. Precisamente ahora, Green está escribiendo un libro (Sida e ideología) en el que denuncia el empeño de una industria multimillonaria por difundir la irresponsabilidad sexual aun a costa de la vida humana.
Según este experto de Harvard, la razón de que todavía no se haya dado un cambio de paradigma en la lucha contra el sida (pasando de un enfoque centrado en la difusión de los preservativos a una estrategia basada en los cambios de conductas) se encuentra, en buena medida, en el poder de adoctrinamiento que tiene esta industria.
Frente a la presión de este movimiento, Green propone abordar el problema del sida sin prejuicios ideológicos: “La clave es el sexo responsable, basado en la confianza y en el mutuo respeto. No importa si eres católico o protestante, hetero u homosexual. Existen algunas organizaciones gays que defienden el valor de la fidelidad frente al sexo duro. Pero nunca se oye hablar de ellas, porque están silenciadas por la voz de los grupos activistas que dominan los medios y el debate sobre el sida”.

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